Todos los dedos de la corrupción apuntan a Pepiño Blanco.
Él no dimite.
A pesar de ser el que más y mejor sacó la lengua a pasear con el caso Gúrtel y los Tres Tristes Trajes de Camps pidiendo dimisiones a troche y moche, él, tan guapo, tan lustroso, tan socialista, es el único que no dimite a pesar de que todos los dedos apuntan hacia su cada vez más larga nariz.
Consejos vendo que para mi no tengo o, las dos varas de medir, o la caradura supina.
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